Comidas rápidas

Despertar, ir a trabajar, comer algo rápido, volver a trabajar, ir a casa… Estamos tan acostumbrados a la rutina de siempre, que no nos damos cuenta del poco tiempo que dedicamos a cuidarnos.

Desayunamos con prisas para no llegar tarde, comemos rápido para ir a la reunión de la tarde, cenamos cualquier cosa porque es tarde y queremos descansar… Sin darnos cuenta descuidamos nuestra salud digestiva, algo que es esencial para sentirnos bien por dentro y por fuera.

La realidad:

Despertar, ir a trabajar, comer algo rápido, volver a trabajar, ir a casa… Estamos tan acostumbrados a la rutina de siempre, que no nos damos cuenta del poco tiempo que dedicamos a cuidarnos. Desayunamos con prisas para no llegar tarde, comemos rápido para ir a la reunión de la tarde, cenamos cualquier cosa porque es tarde y queremos descansar… Sin darnos cuenta descuidamos nuestra salud digestiva, algo que es esencial para sentirnos bien por dentro y por fuera.

Estrés y comida

Cuando el estrés está instalado en nuestro día a día es más difícil identificarlo, por esto es importante parar y centrarnos en lo importante.

El estrés y los nervios aceleran el ritmo intestinal, produciendo una mayor deglución del aire. Esto puede provocar una mayor secreción de ácido gástrico y alterar el equilibrio de nuestra flora intestinal.

Además…

El estrés no solo nos puede afectar a nivel físico. Muchas veces también trae consigo apatía, inapetencia o, incluso, más hambre de lo habitual. Comer para calmar el estrés no solo no nos ayudará, sino que nos hará picar cualquier cosa entre horas y desordenará nuestro horario de comidas.

Es importante saber detectar esta sensación y comer, únicamente, cuando el cuerpo lo necesita.

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