Estrés y comidas

El estrés y el aumento de nervios pueden perjudicar a nuestro sistema digestivo; al acelerarse el ritmo intestinal se produce inconscientemente una mayor deglución del aire.

Todo esto puede provocar una mayor secreción de ácido gástrico y alterar el equilibrio de nuestra flora intestinal. Además, el estrés puede traer consigo apatía, inapetencia o más hambre de lo habitual, aumentando las comidas desordenadas o los picoteos.

Aunque el estrés es algo que viene dado por nuestro entorno laboral o familiar, por situaciones que pueden superarnos o una excesiva implicación en algunas tareas que no nos permiten dedicar más tiempo a otras cosas, puedes reducirlo realizando alguna actividad que ayude a relajarte una vez al día, mínimo 30 minutos.